La hepatitis C es una enfermedad hepática viral contagiosa. Es la enfermedad transmitida por la sangre más común en Estados Unidos, y la mayoría de las personas infectadas no se dan cuenta de que la tienen.

La enfermedad se propaga por medio del contacto de sangre a sangre y principalmente por el uso de drogas inyectadas. Hay vacunas contra la hepatitis A y B, pero no contra la hepatitis C. Para prevenir la infección, es necesario evitar la exposición al virus de la hepatitis C (VHC).

Si el virus no desaparece en seis meses, la infección se vuelve crónica y solo se curará con medicamentos. El VHC puede resultar en cicatrización, cirrosis, cáncer del hígado y, en algunos casos, la muerte. Sin embargo, hay nuevos medicamentos que pueden curar la infección de hepatitis C crónica.

Este artículo se enfocará específicamente en los síntomas, causas y tratamiento para la hepatitis C en sus formas aguda y crónica. Las personas que deseen saber más sobre los diferentes tipos de hepatitis encontrarán más información aquí.

Datos breves sobre la hepatitis C

  • La hepatitis C (VHC) es un tipo de infección hepática viral y puede ser aguda o crónica.
  • El VHC puede causar incomodidad abdominal, náuseas, fatiga, y fiebre. El VHC puede provocar una cicatrización más severa del hígado y cáncer de hígado.
  • El VHC es la enfermedad transmitida por la sangre más común en Estados Unidos y es principalmente transmitida por el uso de drogas intravenosas. El contacto sexual sin protección con sangre infectada también puede propagar el VHC.
  • Los antivirales de acción directa (AAD) se recetan ahora para tratar el VHC. Son altamente efectivos, pero un tratamiento de tres meses puede costar más de $100,000.
  • El VHC se puede prevenir teniendo sexo seguro y evitando las drogas inyectadas.

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El VHC es un virus que afecta al hígado.

La hepatitis es una inflamación del hígado. Hay varias cepas de la hepatitis viral. Los tipos más comunes son A, B y C.

El VHC es la enfermedad transmitida por la sangre más extendida en Estados Unidos. Un estimado de 2.7 a 3.9 millones de personas tienen la infección crónica del VHC.

El virus invade las células en el hígado y causa hinchazón y disfunción.

Ho hay vacuna para el VHC. La presencia de anticuerpos contra el VHC en el sistema inmunitario no brinda protección a largo plazo de la misma manera que una vacuna. El sistema inmunitario no tiene un registro permanente de anticuerpos contra el VHC.

Una persona puede volverse a infectar de una cepa diferente del virus.

El VHC a menudo no presenta síntomas en su etapa aguda. Sin embargo, la afección puede escalar a una etapa crónica en la que se pueden desarrollar complicaciones potencialmente fatales.

Hepatitis C aguda

La infección aguda del VHC raramente se diagnostica debido a la falta de síntomas. A menudo, se refieren a esta como una epidemia silenciosa. El tiempo promedio desde la exposición hasta que hay síntomas notables es entre 4 y 15 semanas.

Durante este periodo de infección aguda, los síntomas no parecen diferentes a los causados por cualquier otro síndrome viral. Las personas con el VHC presentarán:

  • incomodidad abdominal
  • náuseas
  • fiebre
  • dolor en las articulaciones
  • fatiga
  • ictericia, en ciertos casos
  • heces de color arcilla, en ciertos casos

Hepatitis C crónica

El VHC se vuelve crónico cuando permanece en la sangre durante seis meses después del periodo de infección aguda. Si se detecta la presencia del VHC en pruebas por lo menos dos veces durante este periodo, se confirma un diagnóstico crónico.

La infección no se curará a menos que sea tratada con medicamentos.

La mayoría de personas no presentan síntomas con la infección del VHC. Algunas personas pueden presentar episodios de dolor abdominal, fatiga persistente y dolor de articulaciones.

Después de 25 a 30 años, esta infección crónica puede resultar en cicatrización o fibrosis del hígado. Si todo el hígado se cicatriza, se puede desarrollar cirrosis, insuficiencia hepática y, posiblemente, cáncer de hígado.

La salud general de la persona infectada y de su hígado determinarán la rapidez con la que se presentará el daño y el avance a la cirrosis. El papel que juega el genotipo del virus afecta menos que la salud física de la persona con el VHC.

No es hasta que el hígado está al borde del colapso que se hace evidente la magnitud del daño por el VHC.

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Las personas que se inyectan drogas son quienes están en mayor riesgo de contraer y propagar el VHC.

El VHC causa la hepatitis C y se transmite por el contacto de sangre a sangre.

Los virus están inactivos hasta que entran en la célula viva de un huésped. Entonces se apodera del "hardware" de la célula para crear copias de sí mismo. La infección crónica del VHC consiste en millones o, posiblemente, miles de millones de copias del virus circulando dentro del cuerpo.

Para que se pueda presentar una infección de sangre a sangre, la sangre de una persona infectada debe entrar en el cuerpo de alguien que no está infectado. El mayor factor de riesgo para infectarse con el VHC es compartir agujas o equipo utilizado para inyectar drogas.

El VHC no se transmite por el contacto casual, gotitas de saliva por toser o estornudar, compartir alimentos, besos ni picaduras de mosquitos.

Una manchita de sangre tan pequeña que no sea perceptible a simple vista puede transportar cientos de partículas del virus de la hepatitis C. Limpiar una aguja con alcohol, lavarla con jabón y agua, e incluso dejar la jeringa secando al aire por varios días no matará el virus.

Cuando el virus es inyectado en el cuerpo, aunque sea una sola vez, ocurre la exposición y da cabida a la infección. La inyección de drogas causa aproximadamente 67% de los casos globales.

Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, en inglés) han identificado los factores que conducen al mayor riesgo de exposición del VHC. Estos incluyen:

  • haber nacido entre 1945 y 1965
  • haber recibido transfusiones o trasplantes de órganos antes de 1992
  • inyectarse o haberse inyectado drogas
  • hemofilia
  • hacerse hemodiálisis por un tiempo prolongado
  • exposición a agujas, especialmente para personas que trabajan en atención médica
  • VIH
  • hacerse tatuajes en establecimientos no autorizados
  • comportamiento sexual de riesgo, como contacto sexual sin protección con una persona que se inyecta drogas
  • nacer de una madre con infección por el VHC
  • estar en prisión
  • tener antecedentes de consumo de alcohol a diario por mucho tiempo
  • enfermedad hepática inexplicable
  • inhalar drogas

Las personas en riesgo a causa de estos factores, pueden hacerse una prueba de detección para descartar el VHC.

El VHC a menudo se pasa por alto o se confunde con una enfermedad viral menos grave. En pocos casos se diagnostica la infección durante la fase aguda.

El sistema inmunitario de una persona infectada con el VHC responde a la infección y, solo en 20% de los casos, limpiará el virus sin ayuda. El 80% restante de los casos se volverá crónico, y es posible que contagie el VHC a otros sin saberlo.

Las pruebas de detección están disponibles para personas que los CDC han determinado que están en riesgo. Las personas pueden detectar el VHC con un examen de sangre sencillo llamado análisis de anticuerpos del VHC.

Existe una prueba rápida autorizada por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, en inglés) que le proporciona resultados en 20 minutos. De otro modo, la sangre se extrae de una vena y se procesa en un laboratorio. Un resultado negativo significa que la persona no ha estado expuesta. Un resultado positivo significa que la persona se ha expuesto al VHC, pero no necesariamente tiene una infección en curso.

Todos los resultados positivos de las pruebas de anticuerpos del VHC llevarán a un segundo examen de sangre llamado análisis de ARN del VHC (PCR). Este examen demostrará si el virus aún está presente.

Una persona con una prueba de PCR positiva debe ver a un hepatólogo o a un proveedor capacitado para tratar el VHC.

Es importante notar que la prueba de anticuerpos positiva siempre permanecerá positiva, esté o no el virus todavía presente.

Cuando la infección crónica se confirme, el genotipo del virus se define a través de las pruebas. Esto determinará la tasa de cura, la duración del tratamiento y los medicamentos que deben aplicarse.

En algunos casos, se puede recomendar una biopsia de hígado, para evaluar la gravedad de la enfermedad, calificar el grado de fibrosis y determinar el alcance del daño.

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El desarrollo reciente de fármacos contra el VHC permite tener una recuperación sin problemas.

El tratamiento del VHC elimina los virus del cuerpo.

El tratamiento actual para la hepatitis C crónica es una combinación de medicamentos.

La elección de medicamentos y la duración del tratamiento depende del genotipo del virus. El genotipo 1a es el más prevalente en Estados Unidos; actualmente existen varias opciones de tratamiento recomendadas, utilizando una combinación de medicamentos antivirales potentes.

Los antivirales de acción directa (AAD) son los agentes más recientes, disponibles para tratar el VHC. Estos medicamentos funcionan enfocándose en los pasos específicos del ciclo de vida del VHC para interrumpir la reproducción de las células virales.

Antes de disponer de los AAD, el tratamiento para el VHC crónico era prolongado e incómodo, y tenía una tasa de curación mucho más baja. Ahora la tasa de cura sobrepasa el 90%. La duración promedio del tratamiento es de 8 a 12 semanas. Los medicamentos son bien tolerados, con los efectos secundarios muy comunes que son: dolor de cabeza y fatiga.

Sin embargo, los medicamentos nuevos para el VHC pueden costar más de $100,000. Verifica con tu aseguradora si cubren la terapia combinada de AAD, y qué información necesitan para aprobar la cobertura.

Este es el mejor tratamiento para la infección crónica por el VHC antes de que el paciente desarrolle complicaciones o progrese a circunstancias potencialmente mortales.

Gracias a la información, las pruebas con base en el riesgo, la prevención de exposición y la llegada de los tratamientos bien tolerados, el pronóstico para prevenir las complicaciones hepáticas graves y curar a las personas que tienen infección crónica de hepatitis C nunca han sido mejores.

La prevención del VHC involucra limitar la exposición, en primer lugar.

Debido a que el VHC solo puede transmitirse a través de la exposición a sangre infectada, la primera forma de prevenir la propagación del virus es no compartir agujas y evitar el contacto con la sangre de otra persona.

Una vez identificadas, las personas infectadas con el VHC, deben recibir las vacunas contra la hepatitis A y B y también deben hacer cambios de vida para promover la salud óptima del hígado.

La obesidad, el tabaquismo, la diabetes y el consumo de alcohol pueden acelerar la tasa de cicatrización del hígado. Es importante que todas las personas con la infección del VHC se mantengan con buena salud. Esto quiere decir:

  • evitar o dejar de fumar
  • mantener un peso ideal
  • controlar los problemas de salud coexistentes
  • abstenerse de consumir alcohol

El VHC es una infección persistente con complicaciones potencialmente mortales.

En los últimos años, los medicamentos son más efectivos para tratar el virus y la recuperación es más probable. El tratamiento también se puede realizar con menos efectos secundarios adversos que antes.

Este tratamiento es caro, por eso asegúrate de hacerte pruebas de detección del VHC con regularidad. Debido a que con frecuencia no hay síntomas importantes durante los primeros seis meses, la mayoría de los 2.9 a 3.7 millones de personas con VHC en Estados Unidos no saben que tienen una infección crónica.

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