La ansiedad es una emoción normal y a menudo saludable. Sin embargo, cuando una persona siente niveles desproporcionados de ansiedad con frecuencia, podría convertirse en un trastorno médico.

Los trastornos de ansiedad forman una categoría de diagnósticos de salud mental que provocan nerviosismo excesivo, miedo, aprehensión y preocupación.

Estos trastornos alteran la forma en que una persona procesa las emociones y se comporta, causando también síntomas físicos. La ansiedad leve puede ser vaga e inquietante, mientras que la ansiedad severa puede afectar seriamente la vida cotidiana.

Los trastornos de ansiedad afectan a 40 millones de personas en Estados Unidos. Es el grupo de enfermedades mentales más común en el país. Sin embargo, solo el 36.9 por ciento de las personas con un trastorno de ansiedad reciben tratamiento.

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Reacciones desproporcionadas de tensión y preocupación son características de la ansiedad.

La Asociación Estadounidense de Psicología (APA, por sus siglas en inglés) define la ansiedad como “una emoción caracterizada por sentimientos de tensión, pensamientos angustiantes y cambios físicos como el aumento de la presión arterial”.

Conocer la diferencia entre los sentimientos normales de ansiedad y un trastorno de ansiedad que requiere atención médica puede ayudar a una persona a identificar y tratar la afección.

En este artículo, analizamos las diferencias entre la ansiedad y el trastorno de ansiedad, los diferentes tipos de ansiedad y las opciones de tratamiento disponibles.

¿Cuándo necesita tratamiento la ansiedad?

Aunque la ansiedad puede causar angustia, no siempre es una afección médica.

Ansiedad

Cuando un individuo se enfrenta a desencadenantes potencialmente dañinos o preocupantes, los sentimientos de ansiedad no solo son normales sino necesarios para la supervivencia.

Desde los primeros días de la humanidad, la cercanía de los depredadores y el peligro inminente activa las alarmas en el cuerpo y permite una acción evasiva. Estas alarmas se hacen notorias en forma de ritmo cardíaco elevado, sudoración y una mayor sensibilidad al entorno.

El peligro provoca una descarga de adrenalina, una hormona y un mensajero químico en el cerebro, que a su vez desencadena reacciones de ansiedad en un proceso llamado respuesta de “lucha o huida”. Esto prepara a los seres humanos para enfrentarse físicamente o huir de cualquier amenaza potencial a su seguridad.

Para muchas personas, huir de animales más grandes y el peligro inminente es una preocupación menos apremiante de lo que hubiera sido para los primeros humanos. La ansiedad ahora gira en torno al trabajo, el dinero, la vida familiar, la salud y otros temas cruciales que exigen la atención de una persona sin necesariamente requerir la reacción de lucha o huida.

El nerviosismo ante un acontecimiento vital importante o durante una situación difícil es un eco natural de la reacción original de lucha o huida. Todavía puede ser esencial para la supervivencia, por ejemplo, la ansiedad por ser atropellado por un auto al cruzar la calle hace que una persona instintivamente mire a ambos lados para evitar el peligro.

Desórdenes de ansiedad

La duración o gravedad de una sensación de ansiedad a veces puede ser desproporcionada con respecto al desencadenante o estresante original. También se pueden presentar síntomas físicos, como aumento de la presión arterial y náusea. Estas respuestas van más allá de la ansiedad y se transforman en un trastorno de ansiedad.

La APA describe a una persona con trastorno de ansiedad como alguien con “pensamientos o preocupaciones intrusivas recurrentes”. Una vez que la ansiedad alcanza la etapa de un trastorno, puede interferir con la función diaria.

Si bien diferentes diagnósticos constituyen trastornos de ansiedad, los síntomas del trastorno de ansiedad generalizada a menudo incluyen los siguientes:

  • desasosiego, y una sensación de estar “al borde”
  • sentimientos incontrolables de preocupación
  • aumento de la irritabilidad
  • dificultades para concentrarse
  • dificultades para dormir, por ejemplo, no poder conciliar el sueño o permanecer dormido

Si bien estos síntomas pueden ser normales en la vida cotidiana, las personas con trastorno de ansiedad generalizada los experimentarán a niveles persistentes o extremos. El trastorno de ansiedad generalizada puede presentarse como una preocupación vaga e inquietante o una ansiedad más severa que afecta la vida cotidiana.

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El trastorno de pánico es un tipo de trastorno de ansiedad.

El Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales: Quinta edición (DSM-V, en inglés) clasifica los trastornos de ansiedad en varios tipos principales.

En ediciones anteriores del Manual, los trastornos de ansiedad incluían el trastorno obsesivo-compulsivo y el trastorno de estrés postraumático, así como el trastorno de estrés agudo. Sin embargo, el manual ya no agrupa estas dificultades de salud mental bajo el concepto de ansiedad.

Los trastornos de ansiedad ahora incluyen los siguientes diagnósticos.

Trastorno de ansiedad generalizada: este es un trastorno crónico que implica una ansiedad excesiva y duradera y preocupaciones sobre eventos de la vida, objetos y situaciones inespecíficos. El trastorno de ansiedad generalizada es el trastorno de ansiedad más común, y las personas que lo tienen no siempre son capaces de identificar la causa de su ansiedad.

Trastorno de pánico: los ataques breves o repentinos de terror y aprehensión intensos caracterizan el trastorno de pánico. Estos ataques pueden provocar temblores, confusión, mareos, náuseas y dificultad para respirar. Los ataques de pánico tienden a ocurrir y escalar rápidamente, alcanzando su nivel máximo después de 10 minutos. Sin embargo, un ataque de pánico puede durar horas.

Los trastornos de pánico suelen ocurrir después de experiencias aterradoras o estrés prolongado, pero también pueden ocurrir sin un desencadenante. La persona que experimenta un ataque de pánico puede malinterpretarlo como una enfermedad que pone en riesgo su vida, y puede hacer cambios drásticos en su comportamiento para evitar futuros ataques.

Fobia específica: esto es un miedo irracional y la acción de evitar un objeto o situación en particular. Las fobias no son como otros trastornos de ansiedad, ya que se relacionan con una causa específica.

Una persona con fobia puede reconocer que un miedo es ilógico o extremo, pero sigue siendo incapaz de controlar los sentimientos de ansiedad alrededor del desencadenante. Los desencadenantes de una fobia van desde situaciones y animales hasta objetos cotidianos.

Agorafobia: esto es un temor y la acción de evitar lugares, eventos o situaciones de los que puede ser difícil escapar o en los que la ayuda no estaría disponible si la persona queda atrapada. Las personas suelen malinterpretar esta afección como una fobia a los espacios abiertos y al aire libre, pero no es tan simple. La persona con agorafobia puede causarle miedo salir de casa o usar ascensores y transporte público.

Mutismo selectivo: esta es una forma de ansiedad que experimentan algunos niños, en la que no logran hablar en determinados lugares o contextos, como la escuela, aunque sus habilidades de comunicación verbal con personas conocidas pudieran ser excelente. Puede ser una forma extrema de fobia social.

Trastorno de ansiedad social o fobia social: este es un miedo al juicio negativo de otros en situaciones sociales o la vergüenza pública. El trastorno de ansiedad social incluye una serie de sentimientos, como el miedo escénico, el miedo a la intimidad y la ansiedad en torno a la humillación y el rechazo.

Este trastorno puede hacer que las personas eviten las situaciones públicas y el contacto humano hasta el punto de que la vida cotidiana se vuelve extremadamente difícil.

Trastorno de ansiedad por separación: los altos niveles de ansiedad después de la separación de una persona o lugar que proporciona sentimientos de seguridad o protección caracterizan el trastorno de ansiedad por separación. La separación a veces puede resultar en síntomas de pánico.

Las causas de los trastornos de ansiedad son complicadas. Muchas podrían ocurrir en el acto, algunas pueden conducir a otras, y algunas podrían no provocar un trastorno de ansiedad a menos que otro esté presente.

Las posibles causas incluyen:

  • estrés ambiental: dificultades en el trabajo, problemas de relación o problemas familiares
  • genética: las personas que tienen familiares con un trastorno de ansiedad son más propensas a experimentar uno ellas mismos
  • factores médicos: los síntomas de una enfermedad diferente, los efectos de un medicamento, o el estrés de una cirugía intensiva o una recuperación prolongada
  • química cerebral: los psicólogos definen muchos trastornos de ansiedad como desajustes de hormonas y señales eléctricas en el cerebro
  • abstinencia de una sustancia ilícita: cuyos efectos podrían intensificar el impacto de otras posibles causas

Los tratamientos consistirán en una combinación de psicoterapia, terapia conductual y medicación.

El alcoholismo, la depresión u otras afecciones a veces pueden tener un efecto tan fuerte en el bienestar mental que el tratamiento de un trastorno de ansiedad debe esperar hasta que cualquier afección subyacente esté bajo control.

Autotratamiento

yoga for anxiety
El yoga puede reducir los efectos de un trastorno de ansiedad.

En algunos casos, una persona puede tratar un trastorno de ansiedad en casa sin supervisión médica. Sin embargo, esto podría no ser eficaz para los trastornos de ansiedad graves o prolongados.

Hay varios ejercicios y acciones para ayudar a una persona a lidiar con trastornos de ansiedad más leves, más enfocados o a corto plazo, que incluyen:

  • Control del estrés: aprender a manejar el estrés puede ayudar a limitar los posibles desencadenantes. Organiza cualquier actividad que te cause presión o alguna fecha límite, elabora listas para hacer que las tareas abrumadoras sean más manejables y comprométete a tomarte un tiempo libre del estudio o del trabajo.
  • Técnicas de relajación: las actividades sencillas pueden ayudar a calmar las señales mentales y físicas de la ansiedad. Estas técnicas incluyen meditación, ejercicios de respiración profunda, baños largos, descansar en un lugar oscuro y practicar yoga.
  • Ejercicios para reemplazar pensamientos negativos por positivos: haz una lista de los pensamientos negativos que podrías estar teniendo como resultado de la ansiedad, y escribe otra lista junto a ella que contenga pensamientos positivos y creíbles para reemplazarlos. Crear una imagen mental de enfrentar y conquistar con éxito un miedo específico también puede proporcionar beneficios si los síntomas de ansiedad se relacionan con una causa específica, como una fobia.
  • Red de apoyo: habla con personas conocidas que te apoyen, como un familiar o un amigo. Los servicios de grupos de apoyo también pueden estar disponibles en el área local y en línea.
  • Ejercicio: el esfuerzo físico puede mejorar la autoestima y liberar sustancias químicas en el cerebro que desencadenan sentimientos positivos.

Consejería

Una forma estándar de tratar la ansiedad es la consejería psicológica. Esto puede incluir terapia cognitivo-conductual, psicoterapia o una combinación de terapias.

Terapia cognitivo-conductucal

Este tipo de psicoterapia tiene como objetivo reconocer y cambiar los patrones de pensamiento dañinos que forman la base de los sentimientos problemáticos y de ansiedad. En el proceso, quienes practican la terapia cognitivo-conductucal esperan limitar el pensamiento distorsionado y cambiar la forma en que reaccionan a objetos o situaciones que desencadenan ansiedad.

Por ejemplo, un psicoterapeuta que proporciona terapia cognitivo-conductucal para el trastorno de pánico tratará de reforzar el hecho de que los ataques de pánico no son realmente ataques cardíacos. La exposición a miedos y desencadenantes puede ser parte de la terapia cognitivo-conductucal. Esto anima a las personas a confrontar sus miedos y ayuda a reducir la sensibilidad a sus desencadenantes habituales de ansiedad.

Medicamentos

Una persona puede apoyar el manejo de la ansiedad con varios tipos de medicamentos.

Los medicamentos que podrían controlar algunos de los síntomas físicos y mentales incluyen antidepresivos, benzodiazepinas, tricíclicos y betabloqueantes.

Benzodiazepinas

Un médico puede recetarlas para ciertas personas con ansiedad, pero pueden ser altamente adictivas. Estos fármacos tienden a tener pocos efectos secundarios a excepción de la somnolencia y la posible dependencia. Diazepam, o Valium, es un ejemplo de una benzodiazepina comúnmente recetada.

Advertencias de la FDA

Las benzodiazepinas llevan una advertencia en un recuadro negro. Esta es la advertencia más seria de la Dirección de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés). Una advertencia, en un recuadro negro en la caja, alerta a los médicos y a los pacientes sobre efectos de los medicamentos que pueden ser peligrosos.

  • Tomar benzodiazepinas con opioides aumenta el riesgo de somnolencia grave, depresión respiratoria, coma e incluso la muerte. El alprazolam no se debe tomar con un opioide a menos que no haya otras opciones de tratamiento disponibles.
  • El uso de benzodiazepinas, incluso según lo recetado, puede conducir a la dependencia física y efectos secundarios si dejas de tomar el fármaco de forma repentina. La abstinencia repentina puede poner en peligro la vida.
  • Tomar benzodiazepinas también puede conducir al mal uso y la adicción. El uso indebido de benzodiazepinas aumenta el riesgo de sobredosis y muerte.
  • Solo toma benzodiazepinas siguiendo las indicaciones de tu médico. Habla con tu proveedor de salud si tienes alguna preocupación acerca de tomar este fármaco de manera segura.

Antidepresivos

Estos comúnmente ayudan con la ansiedad, aunque también abordan la depresión. Las personas suelen usar inhibidores de la recaptación de serotonina, que tienen menos efectos secundarios que los antidepresivos más antiguos, pero es probable que causen nerviosismo, náuseas y disfunción sexual cuando comienza el tratamiento.

Otros antidepresivos incluyen fluoxetina, o Prozac, y citalopram, o Celexa.

Tricíclicos

Esta es una clase de fármacos más antiguos que los inhibidores de la recaptación de serotonina, y proporcionan beneficios para la mayoría de los trastornos de ansiedad distintos del trastorno obsesivo compulsivo. Estos fármacos pueden causar efectos secundarios, como mareos, somnolencia, sequedad de boca y aumento de peso. La imipramina y la clomipramina son dos ejemplos de tricíclicos.

Los fármacos adicionales que una persona podría usar para tratar la ansiedad incluyen:

  • inhibidores de la monoaminooxidasa
  • betabloqueantes
  • buspirona

Habla con tu médico si los efectos adversos de cualquier medicamento recetado se vuelven graves.

Hay maneras de reducir el riesgo de trastornos de ansiedad. Recuerda que los sentimientos de ansiedad son un factor natural de la vida cotidiana, y experimentarlos no siempre indica la presencia de un trastorno de salud mental.

Toma las siguientes medidas para ayudar a moderar las emociones de ansiedad:

  • Reduce el consumo de cafeína, té, refresco de cola y chocolate.
  • Antes de usar remedios de venta libre (OTC, en inglés) o herbales, consulta con tu médico o farmacéutico para saber si contienen alguna sustancia química que pueda empeorar los síntomas de ansiedad.
  • Sigue una dieta sana.
  • Mantén un patrón de sueño regular.
  • Evita el alcohol, el cannabis y otras drogas recreativas.

La ansiedad en sí no es una afección médica, sino una emoción natural que es vital para la supervivencia cuando alguien se encuentra frente a un peligro.

Un trastorno de ansiedad se desarrolla cuando esta reacción se vuelve exagerada o desproporcionada con respecto al desencadenante que la causa. Hay varios tipos de trastorno de ansiedad, incluyendo el trastorno de pánico, las fobias y la ansiedad social.

El tratamiento implica una combinación de diferentes tipos de terapia, medicamentos y consejería, junto con medidas de autoayuda.

Un estilo de vida activo con una dieta equilibrada puede ayudar a mantener las emociones de ansiedad dentro de límites saludables.

Lee el artículo en inglés.

Traducción al español por HolaDoctor.

Edición en español por Stella Miranda el 3 de agosto de 2021.

Versión original en inglés escrita el 11 de enero de 2020.

Última revisión médica en inglés realizada el 11 de enero de 2020.